Los autores publican un estudio acerca de los resultados -nada esperanzadores- de aplicar incentivos economicos a los m�dicos, basados en la reducci�n de costes en un sistema de salud. El art�culo completo puede encontrarse aqu�.
Este trabajo fu� motivo para el Editorial de NEJM de 19 de Noviembre. Reproducimos un extracto del mismo.
| Muchos doctores americanos son infelices con la calidad de sus vidas profesionales. La evidencia anecd�tica abundante y varias encuestas identifican algunos de los factores que son la base de su descontento. Las actitudes que los doctores est�n tomando confirman que hay consternaci�n substancial. �De qu� se quejan y qu� se est� haciendo? �est�n siendo acertadas sus respuestas? �Puede un sistema de salud funcionar con eficacia si una fracci�n importante de sus m�dicos est� contrariada? Los m�dicos infelices �sirven bien a los pacientes? La frustraci�n en su tentativa para dar buenos cuidados, la restricci�n en su tiempo personal, el filtro de los incentivos sobre los principios profesionales, y la p�rdida del control de las decisiones cl�nicas pueden ser uno de los motivos. Para mantener sus rentas, muchos trabajan no s�lo largas horas, sino tambi�n incluyen a muchos m�s pacientes en sus horarios ya apretados. Estas actividades dejan a menudo poco tiempo para sus familias, para elmantenimiento de la buena salud, para la reflexi�n personal, o para continuar con la literatura m�dica. Disturban a muchos doctores sobre las limitaciones en su capacidad de tomar decisiones cl�nicas independientes y su inhabilidad de referir a los pacientes a los especialistas apropiados o de prescribir las drogas �ptimas. El dise�o de incentivos que recompensa el menor gasto por paciente y la repercusi�n del gasto sobre pacientes pobres crea un dilema �tico pero tambi�n una intolerable amenaza a la integridad del m�dico pues si el incentivo es lo bastamte fuerte puede tentar al m�dico. Financiar una pr�ctica m�dica es tambi�n una fuente importante de la frustraci�n. Mientras que el coste de cuidado aumenta como consecuencia de la nueva tecnolog�a, de drogas nuevas, y de una poblaci�n envejecida, los aseguradores est�n reduciendo los honorarios de los m�dicos, a veces precipitadamente y sin aviso. Los retrasos del pago, las demandas, y el costo de la conformaci�n con regulaciones cada vez m�s complejas y exigentes contribuyen notablemente al problema. Los m�dicos se quejan de que el coste de sus consultas contin�a elev�ndose y de que la amenaza de la negligencia est� siempre presente. Las demandas han aumentado tanto durante los �ltimos a�os que algunas compa��as de seguros han cerrado. Muchos m�dicos experimentados entre los 40 y 50 a�os buscan un empleo no cl�nico en la administraci�n, comunicaci�n, o educaci�n. Una minor�a peque�a de doctores ha optado por dejar los contratos de atenci�n y valida como pacientes solamente a los que est�n cubiertos por un seguro de indemnidad o que pueden pagar directamente de su bolsillo. Algunos m�dicos est�n procurando resolver el desaf�o de la nueva econom�a. Han intentado dominar habilidades de contabilidad y estad�sticas y, trabajando en grupos, han negociado agresivamente contratos y honorarios con los aseguradores m�ltiples. Ideando primas y otros arreglos como incentivos para reducir al m�nimo el costo de proporcionar la atenci�n. Algunos han equipado a sus grupos de laboratorios y de los recursos de funcionamiento para competir con los hospitales locales. Algunos m�dicos est�n supliendo sus rentas convirti�ndose en distribuidores de productos tales como vitaminas, hierbas, suplementos diet�ticos, cosm�ticos, y productos de limpieza de la casa o practicando las t�cnicas de la medicina alternativa.
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Asociaci�n de Facultativos del Hospital de Cruces