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los incentivos

   

Los autores publican un estudio acerca de los resultados -nada esperanzadores- de aplicar incentivos economicos a los m�dicos, basados en la reducci�n de costes en un sistema de salud. El art�culo completo puede encontrarse aqu�.

Este trabajo fu� motivo para el Editorial de NEJM de 19 de Noviembre. Reproducimos un extracto del mismo.

Primary Care Physicians' Experience of Financial Incentives in Managed Care
 THE NEW ENGLAND JOURNAL OF MEDICINE
 
 
 19 de noviembre de 1998 volumen 339, n�mero 21 
Kevin Grumbach, Dennis Osmond, Karen Vranizan, Deborah Jaffe, Andrew B.B.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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 Muchos doctores americanos son infelices con la calidad de sus vidas profesionales. La evidencia anecd�tica abundante y varias encuestas identifican algunos de los factores que son la base de su descontento.

Las actitudes que los doctores est�n tomando confirman que hay consternaci�n substancial.

�De qu� se quejan y qu� se est� haciendo? �est�n siendo acertadas sus respuestas? �Puede un sistema de salud funcionar con eficacia si una fracci�n importante de sus m�dicos est� contrariada? Los m�dicos infelices �sirven bien a los pacientes?

La frustraci�n en su tentativa para dar buenos cuidados, la restricci�n en su tiempo personal, el filtro de los incentivos sobre los principios profesionales, y la p�rdida del control de las decisiones cl�nicas pueden ser uno de los motivos.

Para mantener sus rentas, muchos trabajan no s�lo largas horas, sino tambi�n incluyen a muchos m�s pacientes en sus horarios ya apretados. Estas actividades dejan a menudo poco tiempo para sus familias, para elmantenimiento de la buena salud, para la reflexi�n personal, o para continuar con la literatura m�dica.

Disturban a muchos doctores sobre las limitaciones en su capacidad de tomar decisiones cl�nicas independientes y su inhabilidad de referir a los pacientes a los especialistas apropiados o de prescribir las drogas �ptimas.

El dise�o de incentivos que recompensa el menor gasto por paciente y la repercusi�n del gasto sobre pacientes pobres crea un dilema �tico pero tambi�n una intolerable amenaza a la integridad del m�dico pues si el incentivo es lo bastamte fuerte puede tentar al m�dico.

Financiar una pr�ctica m�dica es tambi�n una fuente importante de la frustraci�n. Mientras que el coste de cuidado aumenta como consecuencia de la nueva tecnolog�a, de drogas nuevas, y de una poblaci�n envejecida, los aseguradores est�n reduciendo los honorarios de los m�dicos, a veces precipitadamente y sin aviso. Los retrasos del pago, las demandas, y el costo de la conformaci�n con regulaciones cada vez m�s complejas y exigentes contribuyen notablemente al problema.

Los m�dicos se quejan de que el coste de sus consultas contin�a elev�ndose y de que la amenaza de la negligencia est� siempre presente. Las demandas han aumentado tanto durante los �ltimos a�os que algunas compa��as de seguros han cerrado.

Muchos m�dicos experimentados entre los 40 y 50 a�os buscan un empleo no cl�nico en la administraci�n, comunicaci�n, o educaci�n. Una minor�a peque�a de doctores ha optado por dejar los contratos de atenci�n y valida como pacientes solamente a los que est�n cubiertos por un seguro de indemnidad o que pueden pagar directamente de su bolsillo.

Algunos m�dicos est�n procurando resolver el desaf�o de la nueva econom�a. Han intentado dominar habilidades de contabilidad y estad�sticas y, trabajando en grupos, han negociado agresivamente contratos y honorarios con los aseguradores m�ltiples. Ideando primas y otros arreglos como incentivos para reducir al m�nimo el costo de proporcionar la atenci�n.

Algunos han equipado a sus grupos de laboratorios y de los recursos de funcionamiento para competir con los hospitales locales. Algunos m�dicos est�n supliendo sus rentas convirti�ndose en distribuidores de productos tales como vitaminas, hierbas, suplementos diet�ticos, cosm�ticos, y productos de limpieza de la casa o practicando las t�cnicas de la medicina alternativa.

Estas tendencias afectan mucho a los pacientes.
Dado que las visitas a la consulta son cortas y que se centran a menudo en solamente uno de los muchos problemas de salud de un paciente , los pacientes podr�an sufrir de la carencia de la atenci�n a las enfermedades concomitantes y a las necesidades psicologicas, as� como de una erosi�n de su lazo con su m�dico. Los pacientes podr�an tambi�n sufrir si sus m�dicos se hacen menos expertos y menos actualizados en sus campos.
 
La calidad total de la atenci�n podr�a declinar si los estudiantes mejor cualificados deciden no ser m�dicos, por vacilar su entusiasmo en el papel modelo del m�dico o por no ser capaces de preveer una compensaci�n econ�mica suficiente para compensar su gran deuda educativa o para mantener un razonable nivel de vida acorde con el esfuerzo y costo de convertirse en m�dicos.
La profesi�n as� mismo podr�a sufrir si los m�dicos ganan una reputaci�n de servir solamente a los ricos. La competici�n para los pacientes entre los doctores o los grupos de doctores puede destruir lazos cordiales de muchos a�os. Y el enfoque necesariamente estrecho en el fondo puede forzar a los m�dicos a perder de vista su misi�n de vista primaria es decir, el cuidado del enfermo.
Por otra parte, los doctores que est�n utilizando habilidades de gerencia nuevamente adquiridas pueden no apreciar completamente los riesgos econ�micos del mundo de los negocios. Si no pueden manejar el costo del cuidado adecuadamente, si no tienen suficiente capital , si los pagadores retrasan el pago o no pueden pagar, o si los pagos son reducidos arbitrariamente por los pagadores, sus grupos pueden no sobrevivir.
 
Muchos grupos han hecho frente ya a estos desaf�os. �Hay una diferencia en actitud entre los nuevos m�dicos y los que han estado ejerciendo por 20 a 30 a�os? Si realmente estamos viendo una tendencia hacia m�dicos cada vez m�s frustrados, �d�nde podr�a conducir?
 
Algunos mantienen que los m�dicos se adaptar�n y que, con la presi�n pol�tica, la atenci�n mejorar�. Otros creen que nos estamos enfrentando a una transici�n generacional y que, al salir los viejos m�dicos son substituidos por m�dicos m�s j�venes que nunca han conocido cualquier otro modo de pr�ctica, as� que la angustia dentro de la profesi�n disminuir� lentamente. Los nuevos m�dicos, creen, crecer�n acostumbrados al sistema m�s restrictivo, a los nuevos incentivos, y a un est�ndar m�s bajo de vida.
 
Los observadores han precisado que muchos m�dicos j�venes parecen contentos con una forma de vida m�s favorable, pocos d�as de guardia, m�s seguridad en el empleo, y una renta m�s baja. Muchos m�dicos est�n consternados, otros francamente irritados. Las quejas vienen tanto de acad�micos como de cl�nicos, igual da que est�n o no afectados por la carga asistencial. Ha habido un rebosamiento de la infelicidad entre los m�dicos por muchos a�os, pero las quejas parecen m�s extensas y m�s estridentes ahora.
 
Una cosa sabemos: los doctores contrariados, irritables no proporcionar�n probablemente una asistencia m�dica excepcional. Los pagadores, los aseguradores, y los legisladores deben reconocer este l�o y dejar de fingir que no importa el descontento del doctor.
 
Jerome P.Kassirer, M.d.
   

Asociaci�n de Facultativos del Hospital de Cruces