- Acab�
el mes de enero y con �l el plazo de la administraci�n para echar
a andar el primer horario para los m�dicos vascos del siglo
veintiuno. Peor es dif�cil. El gran avance social de la reducci�n
de jornada a 35 horas semanales se nos revela como el primer pufo
del milenio.
- La
filosof�a del pacto: aumentar
la contrataci�n,
salta por los aires antes de empezar. La euforia de los sindicatos
firmantes (ELA, LAB, UGT y CCOO) se transforma ahora, a la vista del
desatino, en t�midas protestas de esas centrales, muy dif�ciles de
explicar a la clientela. La descarada propuesta de hacer recuperar a
los m�dicos de guardia las horas de libranza ha conseguido la casi
impensable uni�n de todos los facultativos hospitalarios. Una nueva
sentencia judicial -�cuantas van ya?..- vuelve a dar la raz�n a
los m�dicos reclamantes. Esta vez sin posibilidad de recurso por
parte de Osakidetza. El desconcierto se extiende entre los
responsables sanitarios, que se culpan unos a otros del
entuerto. Solo la profesionalidad -y la paciencia infinita- de
los trabajadores mantiene de momento la calidad asistencial en los
Hospitales. La asistencia primaria empieza a deteriorarse y, si
nadie lo remedia, la inercia de los grandes Centros comenzar� a
fallar.
- Puertas
adentro altos cargos reconocen como impresentable la propuesta que
amenaza nuestras guardias, pero nadie quiere dar la cara para
desmentirla, les sigue pareciendo rentable y es grande la tentaci�n
de mantener su interpretaci�n del acuerdo. En el fondo est�n
convencidos de que, con la presi�n adecuada, acabaremos
tragando. Pese a la acreditada ineptitud de quienes han
destapado la olla de los truenos y el sospechoso apoyo de unos
sindicatos que firman la promoci�n de empleo sin pactar cifras
ni medida alguna de control, la vida debe continuar, y ya
est� bien de marear la perdiz. Desde julio de 2000, que fue firmado
el Acuerdo
de Condiciones de Trabajo del Personal de Osakidetza, hasta
ayer, ha pasado tiempo suficiente para elaborar un horario
razonable.
- Lo que
vamos viendo de este parto de los montes no presagia nada bueno. El
tiempo ha llegado. Estamos justamente impacientes por conocer de una
vez las ventajas de esta disminuci�n horaria que nos va a acercar a
los pa�ses de nuestro entorno europeo.
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