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No, no era Alicia en el País de las Maravillas. Los inocentes sucesos del otro lado del espejo no suelen atravesarlo para convertirse en este lado en destructivos tifones tropicales. Las hadas madrinas emplean su varita con mucho mayor sentido de la estética. Y además no está la cosa para cuentos. Ni las hadas son tal al filo del siglo XXI, ni los programas informáticos, aunque tengan nombre de flor, son varitas mágicas.
Como nos temíamos, el asunto era más prosaico. Aunque no deje de tener su lado tierno y romántico. Que nadie sospeche por un momento que pretendemos hacer la menor crítica de la vida privada de nadie. Todo lo contrario. Nuestra comprensión y tolerancia en este campo es enorme. Mayor aún cuando se trata de mejorar las relaciones entre estamentos. El asunto, visto aisladamente, no es en absoluto de nuestra incumbencia.
Pero una cosa es el culo y otra las témporas. Y no hay
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razones que permitan su mezcla. Sobre todo cuando se pone en juego la buena marcha de una institución hospitalaria. Cuando, sin ninguna otra razón, se dinamita un equipo de Dirección de Enfermería que, según todos los indicios, cumplía su labor con mucho más tino que otros que pasaron antes y que vinieron después. Y nuestra comprensión, infinita en el terreno de los sentimientos, debe ser estrecha en el de las exigencias en el campo de la gestión hospitalaria. Y seguirá siendo así.
El actual equipo directivo del centro debió cambiar de aires antes de que en boca de cientos de trabajadores a su cargo sonase el triste vocablo de nepotismo. Cierto que no es un hecho excepcional, pero pocas veces tan público y sonado. Y ya que no fue así, "a quien corresponda" debió enmendar la plana de inmediato y solicitar amables dimisiones. Aún hay tiempo. Nuestra reciente "cultura" responde inevitablemente a las solicitudes de dimisión con el habitual "pues ahora ni locos". Pues bien, aún así no podemos evitar el caer en la tentación. Aunque sólo sea por sentido estético.
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