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¿A qué viene ésto?. Pues bien. A la evidencia, a la constatación diaria de que formamos parte de un colectivo que es más bien un grupo bastante mal avenido, con intereses individuales y que le suena la palabra solidaridad.
No es mi intención reñiros por actuar de acuerdo con lo que en el juego de los tópicos calificamos como "humano". Si el verdadero problema esta en eso. En la tranquilidad que da el comprobar que nuestra conducta no ofende al "general" compañero. Porque con los mismos estímulos (véase incentivos) actuaría igual.
No aludo al manido corporativismo en nuestra profesión. Siento, sentimos cierto malestar por la abulia, la autocomplaciente desidia que se percibe entre nosotros. Nos afecta también a los que suscriben. No somos inmunes a los fracasos, a los fútiles resultados de tanta retórica desplegada en nuestras conversaciones.
Esta "parrafada" es un grito desencadenado por la nostalgia, los buenos y estimulantes recuerdos de un tiempo en que nos sentíamos vivos.
Y mientras tanto ¿que hace la Administración?. Convencida de nuestra debilidad continua materializando unas leyes redactadas y aprobadas a la imagen y semejanza de la "mayoría".
No hay día que no nos indignemos por un nuevo acto de nepotismo arbitrario. Nombran a jefes, directores, asesores, etc... en cumplimiento riguroso de los mandatos establecidos en las leyes y en las normas que los desarrollan.
¿Sabíais que existía un Servicio de Prevención de Riesgos de Accidentes?. ¿Y que han designado para el cargo a una químico especializada en física?. Pues sí, cumple los requisitos que marca la ley. No nos han comunicado ningún mérito añadido. No es necesario. La ley es la ley.
Este hecho que ya sueña como anecdótico, es la realidad actual. Nos cabrea, pero cada vez menos. No merece la pena, ¿que ganamos con eso, si no podemos cambiar nada?. La respuesta es obvia. Solos, de forma individual no podemos conseguir casi nada.
Con este "inflamado" relato pretendemos una vez más aleccionaros para que dejéis de lado, para que desechéis la idea de los hechos consumados.
La persistencia de nuestra apatía ante la Administración conlleva, de forma sistemática, una nueva "vuelta de tuerca" para exprimirnos en la búsqueda de una rentabilidad con claros fines electoralistas a expensas de un deterioro, sí, de una degeneración manifiesta de la calidad asistencial.
Parece ser que algunos de nosotros han mejorado su poder adquisitivo. Pero de verdad ¿creéis que merece la pena si lleva parejo el servilismo, el sometimiento a los caprichos de la Administración?.
Nosotros seguimos creyendo que la palabra dignidad está llena de sentido.
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